Marcos Llorente, futbolista del Atlético de Madrid, ha sido un abanderado de las gafas con filtros (rojos o amarillos) como supuesta medida de prevención y protección de los daños de las luces artificiales en los ojos y en la salud. Sin embargo, hace unos días ha emitido un comunicado diciendo que rompía con la empresa de gafas con la que había trabajado hasta ahora. No dice los motivos, simplemente deja de trabajar con ellos. ¿Por qué? ¿realmente tienen beneficios estas gafas para los ojos o para la salud? Hablamos con un experto en Oftalmología, el doctorJavier Hurtado, para que nos despeje todas las dudas. En primer lugar, queremos saber si la luz artificial es tan dañina para los ojos como se dice. En este sentido, el experto indica que “la luz artificial genera imágenes de igual calidad que la luz natural y, en principio, no daña al ojo”. Es cierto que, informa, “hay estudios de laboratorio en los que la luz azul parece que destruye algunas células pero es algo que, hasta la fecha, no se ha demostrado en seres humanos”.
Sí es cierto que la luz artificialen entornos digitales “puede causar incomodidad visual y esto puede afectar a la productividad y a la calidad de vida, ya que reduce la cantidad de parpadeos y produce síntomas de sequedad ocular”. Otros factores que influyen en esto son “el brillo de las pantallas, el tamaño, el tiempo que estamos con estas actividades o la posición en la que están también influyen en el cansancio visual digital”.
Por otro lado, y tal y como informa Hurtado, además del cansancio visual digital “la exposición a pantallas aumenta el riesgo de tener miopía en los niños y en los adolescentes, pero no se sabe si es por la luz artificial o por la distancia cercana a la que se usan”. Algo similar a lo que ocurre con la contaminación lumínica de las ciudades. En opinión de Hurtado, “se supone que esta contaminación afecta a las personas y al ecosistema pero es difícil demostrar ese efecto”.
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En contraposición, la luz natural es clave y necesaria para la vida. “Influye en nuestro estado de ánimo y ayuda a la síntesis de una hormona que facilita la absorción del calcioque luego se usa para los huesos e influye en el sistema inmune”, explica el especialista.
En los ojos, la luz natural es “necesaria para general las imágenes que vemos, pero no produce un beneficio como tal”. Lo que sí puede ocurrir es que nos perjudique “si entra en exceso en el ojo porque envejece algunas estructuras”. A modo de ejemplo, un exceso “puede producir quemaduras en la córnea, pterigium (un tejido que crece desde la zona blanca del ojo hacia la de color), tumores en los párpados, catarata o envejecimiento de la retina (degeneración macular asociada a la edad), una de las cusas más frecuentes de pérdida de visión en los países desarrollados”. Por eso, el experto recalca que “al igual que nos protegemos la piel con cremas solares, es siempre recomendable proteger los ojos con gafas de sol”.
Llorente puso de moda las gafas con filtros de colores pero ¿realmente tienen utilidad? Antes de saber si tienen efectos es importante saber que “la luz que entra en nuestros ojos y que vemos está compuesta por el arcoíris que va desde el rojo hasta el violeta”. Según esto, “la luz violeta es la que más energía tiene y la roja la que menos,esto lo podemos recordar porque la luz que está más allá del violeta (ultravioleta) es la que nos produce las quemaduras solares”, describe. La idea de los filtros selectivos es, por tanto, “quitar parte de los colores del espectro de luz para obtener algunos beneficios”.
En base a esto, en función del filtro que se use se quitan un color u otro. Así, explica, “una gafa con filtro amarillo quita los morados y los azules y una gafa con filtro ojo quita los morados, azules y algunos verdes. Los colores que quedan, los que pasan el filtro, son los que vemos, es decir, con una gafa con filtro rojo lo ves todo con tonos cálidos”.
Si la radiación ultravioleta es la que tiene suficiente energía para dañar la piel o los ojos, “se ha planteado quitar también la luz violeta o azul para disminuir el daño en el ojo ya que estos dos colores son vecinos del ultravioleta”. Además, añade, “como estamos sometidos a la luz azul de las pantallas antes de acostarnos y el cerebro sigue pensando que es de día”, entonces, ¿por qué no quitar la luz azul antes de acostarnos para que nuestro cuerpo sepa que se acerca la noche y descanse mejor? Como explica Hurtado, estos razonamientos “parecen lógicos, pero la ciencia no los ha respaldado en ensayos clínicos o con revisiones sistemáticas, que son el máximo grado de evidencia que tiene la Medicina y son las pruebas más valiosas”.
Es decir, que para el día a día no tendrían sentido usarlas pero sí lo tiene en determinadas situaciones médicas como la fotofobia. Así, indica el experto, “estas gafas sí se utilizan para mejorar la fotofobia en enfermedades de los ojos como la retinosis pigmentaria. También se usan para mejorar el contraste en algunas situaciones (es la diferencia entre los distintos grises) como la degeneración macular asociada a la edad”. Son, concluye, “gafas adaptadas por expertos en baja visión pero no para su uso en la población general”.




