Lasalud mental y las adicciones forman una combinación cada vez más frecuente y compleja. Bajo esta premisa, Proyecto Hombre ha presentado en CaixaForum Madrid la campaña “Salud mental y adicciones: Hay Proyecto”, una iniciativa con la que la organización ha querido visibilizar la estrecha relación entre ambos problemas y la necesidad de abordarlos de manera conjunta e integral.
Durante la jornada, se ha alertado del deterioro psicológico que presentan muchas de las personas que llegan a tratamiento. Según datos del Observatorio Proyecto Hombre, en 2024 el 75,4% de las personas atendidas por adicciones ha presentadoansiedad severa, el 63,1% depresión severa y el 46,3% ideación suicida, unas cifras que han aumentado de forma significativa en los últimos años.
“La sociedad nos pide hablar más de salud mental”, ha señaladoElena Presencio, directora general de Proyecto Hombre, quien ha insistido en la necesidad de “romper silencios y tabúes”alrededor del sufrimiento psicológico. La responsable también ha recordado que tanto la salud física como la mental ocupan ya el segundo lugar entre las preocupaciones de los ciudadanos, según datos del CIS.
Presencio ha explicado que el último informe anual de la organización ha reflejado un aumento de personas que acuden en busca de ayuda, especialmente mujeres: “Esto requiere reflexión y la búsqueda de las mejores respuestas posibles”. Asimismo, ha apuntado que este escenario también obliga a reforzar los recursos económicos y asistenciales destinados a estas personas y sus familias. “En tiempos de incertidumbre y conflictos, no podemos poner en riesgo un sistema social construido con esfuerzoy que da respuesta con profesionalidad y humanidad”, ha defendido.
Por su parte, Pedro Pedrero, presidente de la Comisión Nacional de Tratamiento de Proyecto Hombre, ha puesto el foco en la relación directa entre salud mental y conductas adictivas. Según ha explicado, la coexistencia de ambos trastornos incrementa la gravedad psicológica, dificulta la adherencia a los tratamientos y aumenta el riesgo de recaídas.
Pedrero ha asegurado que durante mucho tiempo se ha intentado responder a estas situaciones “desde miradas parciales”, centradas únicamente en el diagnóstico médico y los síntomas. “Hoy sabemos que eso es insuficiente. Cuando tratamos solo una parte del problema, dejamos fuera otras dimensiones fundamentales”, ha afirmado.
En este punto, ha insistido en que detrás de muchas adicciones y trastornos mentales existen situaciones de exclusión, precariedad, discriminación o falta de oportunidades. “Las personas no viven por partes”, ha resumido. Por ello, ha abogado por modelos de tratamiento integral que tengan en cuenta las dimensiones psicológicas, biológicas y sociales de cada paciente.
“El tratamiento más eficaz es el que atiende todas las dimensiones de la persona”, ha insistido. Desde su perspectiva, el consumo de sustancias ha sido, en muchos casos, “una forma de afrontar el malestar, a veces la única disponible para afrontar el vacío o el dolor”. Una realidad que, ha añadido, obliga a “humanizar la intervención”.
Para Pedrero, el primer paso terapéutico es el de crear un vínculo con la persona. El segundo, ayudarla a encontrar sentido a su recuperación. “No consiste únicamente en dejar de consumir, sino en construir un proyecto de vida”, ha comentado. Y el tercero ha sido preservar la dignidad del paciente: “Una persona no puede ser reducida a su diagnóstico”.
En la misma línea se ha pronunciado Manuel Muiños, presidente de la Asociación Proyecto Hombre, quien ha querido recordar que “detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia única”. “Nuestro trabajo consiste en acompañarla desde una mirada integral, porque lo que va junto, debe tratarse junto”, ha resaltado.
(Foto: Proyecto Hombre)
Los datos del Observatorio Proyecto Hombre también han mostrado una mayor afectación en mujeres. Entre las mujeres atendidas por la organización, el 85% ha presentado ansiedad severa y el 78,1% depresión severa, cifras significativamente superiores a las registradas en hombres.
Presencio ha advertido de que este perfil presenta “mayores dificultades, más sufrimiento psicológico, menor adherencia a los tratamientos, más riesgo de suicidio y más precariedad laboral”. En definitiva, ha resumido, “una mayor vulnerabilidad”. Además, ha detallado que el trabajo terapéutico se desarrolla mediante planes individualizados y expectativas realistas. “Es importante que las personas conozcan su trastorno mental y aprendan a gestionar las situaciones que se les van a presentar”, ha indicado la experta, quien ha destacado la importancia de implicar a la familia y al entorno social “siempre que sea posible”, ya que el acompañamiento cercano resulta clave en la recuperación.
Entre las herramientas utilizadas por la organización figuran las terapias grupales, entrevistas individuales y talleres adaptados a las necesidades de cada persona. De acuerdo con la directora general, este enfoque integral ha permitido mejorar la convivencia familiar, reducir elestrés y las críticas en el entorno, disminuir los ingresos psiquiátricos y favorecer la inclusión sociolaboral.
“Una recuperación empieza cuando dejamos de mirar a la persona como un problema. Ahí es de verdad cuando empieza el cambio”, ha concluido Pedrero.




